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Cuatro
lesiones típica del corredor
PATOLOGIA FEMOROPATELAR
Por: Perci Miguel Obando Pasapera (Cel. 9803-4636)
El primer gran problema de esta patología
es la dificultad que tenemos
universalmente para la nomenclatura, ya se comenta
irónicamente la reunión
de 20 especialistas de todo el mundo que luego
de trabajar durante varias
horas no se pusieron de acuerdo en ponerle nombre
y apellido a las distintas
patologías femororotulianas.
Estuvieron sí de acuerdo, en que deberíamos
desterrar el concepto de
condromalacia como una forma genérica de
definir la patología y utilizar el
concepto de dolor anterior de la rodilla.
También que cuando hablamos de síndrome
fémoropatelar es porque todavía
no
pudimos definir la razón del dolor y/o
que no examinamos al paciente.
Si se habla de condritis, hablamos sobre inflamación;
condrosis suena como
lesión erosiva hasta el hueso; condropatía
como si se tratara de un proceso
metabólico. Por lo tanto la mejor manera
de definir la patología sería
hablar sobre "lesión cartilaginosa".
Los grados I, II, III, y IV de una clasificación
difiere con los otros por
ello es mejor describir por ahora y hasta que
nos pongamos de acuerdo con el
mundo, la longitud, el ancho, la textura, el color,
etc. de la lesión
cartilaginosa y eventualmente agregar nuestro
pronóstico en base a la
globalidad de la lesión.
Debemos ser claros y específicos, cosa
que no ha sucedido aún en esta
patología.
Habrá que indagar lo mejor posible sobre:
1) Mecanismo etiopatogénico
(traumático o no); 2) Estructuras anatómicas
causante del dolor, y 3)
Factores etiológicos preexistentes que
puedan contribuir a los síntomas del
paciente.
HISTORIA:
El dolor es la queja habitual de estos pacientes,
nunca es localizada, lo
refieren como difusa y no siempre adelante sino
a uno u otro lado de la
rótula, incluso a veces la primera consulta
es por dolor en el hueco
popliteo.
Si hubo traumatismo el diagnóstico será
mucho más sencillo.
El problema comienza cuando no tiene antecedente
traumático que lo
justifique y tiene ya varios meses de evolución,
generalmente no tiene
inflamación, salvo en las inestabilidades
y algunas artrosis, la
inestabilidad puede existir por inhibición
muscular o subluxación.
Las molestia suelen aparecer o agravarse luego
de una actividad deportiva
intensa o realizadas en pisos duros y es muy frecuente
que al interrogatorio
coincida la aparición del dolor luego de
un período de step, mesa de
cuadriceps, escalador, estocadas, cuclillas posturales
exageradas, etc., que
con el reposo o la suspensión del deporte
mejoran.
Generalmente es bilateral pero a predominio de
un de las rodillas que no
tiene por que ser con la que se inició
el problema.
Cuando observamos al paciente debemos mirar muy
bien la alineación del
miembro.
El genu valgo con aumento del ángulo Q
en un atleta que necesita correr
mucho, nos anticipará un problema fémoropatelar
seguro.
Un recurvatum implica siempre un cierto grado
de laxitud, y nos habla de una
rodilla vulnerable, la peor de todas las características
para un deportista
es la rodilla en recurvatum con rótula
alta, a este tipo de atletas habría
que prohibirles los deportes de contacto, sería
incluso importante hacerles
evaluaciones isocineticas para prevenir su potencial
índice de lesiones.
El examen físico hay que hacerlo: parado;
sentado; decúbito supino.
En el paciente parado evaluaremos el posible genu
valgo, el ángulo Q, el
recurvatum, anormalidad rotatoria, pie plano valgo
o pronado.
Sentado, el paciente estará con la rodilla
flexionada en 90°.
El tracking patelar hay que evaluarlo levantando
la rodilla de la extensión
a la flexión y viceversa.
Debemos tener en cuenta también la crepitación
que siempre está acompañada
de dolor, la mejor forma de evaluarla es mantener
la rodilla extendida en el
aire y pasar a la flexión de 30° activamente.
Otra manera de evaluar crepitación y dolor
es decirle al paciente que haga
cuclillas en forma activa.
En decúbito supino deberemos tomar siempre
el signo de la aprehensión,
deberá ser posicionada la rodilla en flexión
de 30° sobre una almohada para
relajar lo músculos y lateralizar activamente
la rótula.
CONCLUSIONES: Reileey y Martens demostraron
que la fuerza de compresión fémororotuliana
llega de 2,5 a 3 veces el peso de cuerpo cuando
se hace cuclillas a 90° de flexión,
durante el ascenso o descenso de la escalera la
fuerza es de 3,3 veces el peso del cuerpo; y durante
la flexión máxima de 130° la
fuerza llega a 7,8 veces el peso del cuerpo, esto
explica por qué los pacientes que exageran
el trabajo de flexión agravan los síntomas
dolorosos.
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