LA VITAMINA “A”

Estas sustancias tienen efectos dañinos en el organismo. Se neutralizan con los antioxidantes.


Las vitaminas se encuentran en el cuerpo en dos medios distintos, las hidrosolubles actúan en un entorno acuoso y las liposolubles lo hacen en un medio lípido.
Las primeras no representan peligro de sobredosis ya que el cuerpo las elimina fácilmente con los líquidos. Sin embargo, las liposolubles pueden almacenarse durante largos periodos de tiempo debido a que no es tan fácil su eliminación de los tejidos en que se depositan, ya que es esa solubilidad lípida la que permite que se almacenen por largo tiempo en grandes cantidades en el hígado y en los tejidos grasos.
Las vitaminas liposolubles son la A, D, E y K; y es la A la que debe consumirse con cierta moderación debido a su facilidad de acumulación hasta niveles peligrosos para la salud.
Por otro lado, este tipo de vitaminas, las liposolubles, puede caer en el otro borde de la situación, es decir, en las deficiencias debido a que tanto su digestión como su absorción requieren de la presencia de lípidos, y con las dietas hipocalóricas y exentas de grasa que hoy día son tan populares, es relativamente fácil que se produzcan carencias vitamínicas a menos que éstas se aporten en forma de complementos durante ese periodo y, en tal caso, deben hallarse en una base aceitosa o tomarse junto con las comidas.

De cualquier forma, hay que aclarar que no es fácil que se produzca una sobredosis de vitaminas con una dieta normal y una suplementación alimenticia lógica y sensata.

Como todas las vitaminas, la A tiene múltiples funciones, las más conocidas es la de favorecer la vista porque es esencial para la visión nocturna.

En la antigüedad esa dolencia se combatía mediante la inclusión de hígado en la dieta, un alimento muy rico en este nutriente, o bañando los ojos con el líquido resultante después de hervirlo.

El consejo popular de comer mucha zanahorias para tener buena vista no está desencaminado ya que esta hortaliza es enormemente rica en betacaroteno, un precursor natural de la vitamina A.

En realidad, en esta vitamina se agrupan varios compuestos con una actividad similar, entre los que destaca el retinol que pertenece a una categoría de sustancias llamadas retinoides, de origen animal, con varios grados de actividad de tipo vitamina A, siendo el retinol el estándar por el cual se miden todos los otros compuestos.

Otro grupo de compuestos que muestran actividad de vitamina A son los carotenoides, de origen vegetal y que en la naturaleza adoptan colores naranjas. Cuando en el cuerpo el caroteno se convierte en retinol se produce una conversión a la baja, es decir, que el organismo obtiene menos unidades de retinol de las que una planta aporta de caroteno. Para obtener una unidad de retinol se precisan tres de caroteno.

La vitamina A no sólo es esencial para la vista ya que mejora la percepción de la luz en la retina y mantiene saludable y transparente como el cristal la córnea, sino que interviene en numerosas funciones como el mantenimiento de las mucosas y paredes protectoras de pulmones, intestinos, vagina, vejiga y tracto urinario, a los que protege de infecciones y bacterias. La protección de la vitamina A sobre estos tejidos contribuye a ofrecer una barrera contra el cáncer de piel, pulmón, vejiga y laringe.

Asimismo resulta esencial para el crecimiento de los huesos, para la piel, la normal reproducción, el metabolismo y los sistemas nervioso e inmune.

En la niñez, el síntoma de deficiencia de vitamina A, se expresa por un retraso en el crecimiento y la falta de apetito.

Entre los adultos esa deficiencia se expresa con problemas visuales, en especial lo que e conoce como ceguera nocturna, que se caracteriza por una lenta recuperación de la visión después de percibir algún destello brillante durante la noche.

Una aumento en la predisposición a la infecciones, mucosas y piel áspera y rugosa son otros síntomas de la carencia de esta vitamina.

Por otro lado, volviendo a los posibles efectos negativos, ésta es la única vitamina de la que existen casos documentados de toxicidad e incluso de muerte por ingesta excesiva de vitamina A.

Estos pocos casos se dieron en exploradores del Ártico que comieron hígado de oso polar, que acumula ingentes cantidades de retinol, convirtiendo este hígado en un alimento absolutamente tóxico para las personas.

Recuerda que el retinol se obtiene siempre de fuentes animales como el hígado, en especial el de bacalao, la mantequilla, la yema de los huevos, la leche y los quesos

Las autoridades sanitarias aseguran que la toxicidad puede producirse cuándo alguien ingiere entre cinco y diez veces la cantidad diaria recomendada durante varios años.

Un exceso de retinol puede producir en las embarazadas defectos del feto y problemas de aprendizaje en el bebé. Por consiguiente, las embarazadas o susceptibles de estarlo deben abstenerse de ingerir dosis elevadas de retinol.

La dosis habitualmente recomendada para los niños es de 5 000 unidades internacionales diarias, 8 000 para las mujeres embarazadas o lactantes y 10 000 para los hombres. Sin embargo, entre hombres y mujeres sanos y activos, como los deportistas, hasta 20 y 25 000 unidades internacionales es una dosis más acorde y lejos de cualquier riesgo de sobredosis o toxicidad.

Sin embargo, la ingestión de betacaroteno se halla entre 20 y 60 000 US y, en el caso de los atletas de resistencia o de fondo ésta puede subir hasta los 80 000 US.

Los practicantes de disciplinas exigentes y de larga resistencia donde se usan grandes cantidades de oxígeno, se beneficiarían especialmente de un suplemento de betacaroteno, debido a que su actividad antioxidante combate los radicales libres generados por el oxígeno, y por cierto, no olvides que cualquier sustancia que luche contra los radicales libres mejorará vuestras capacidades físicas y retrasará el envejecimiento celular.

¿No está nada mal para una simple vitamina?